Sunday, February 11, 2007

CHILOE-
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Chiloé es un fósil del pleistoceno. Nuestro suelo, su paisaje, es resultado de la gran impronta dejada por la última glaciación que afectó al planeta y que recién se detuvo hace 14.500 años. Su deshielo modeló la actual geografía del archipiélago con el deslave que hizo de morrenas y arrastres de los glaciares.
Para muchos Chiloé es la imagen onírica, la utopía o fantasía guardada en algún lugar secreto de nuestra conciencia. Especialmente se activa cuando la mezclamos con vivencias y afectos a escala humana, con miradas, con olores y con sonrisas.
La mirada que se le da a Chiloé es lo que guardamos en nuestra memoria. Es lo que lleva de vuelta el viajero.

La gente de Chiloé vive siempre a la orilla del mar. Por eso cuando vamos al campo vamos también a la playa, al mar, y al campo de pampas sembradas y montes.
Esta costa oriental es una morrena terminal con lomas, quebradas y esteros. Una franja de 5 kilómetros de anchor que va desde Quellón hasta Ancud. Allí vivimos en 90% de los chilotes.
Este escenario existía antes de la llegada de los españoles y lo que hicieron los colonizadores fue robustecer estos espacios con sus nuevos modos productivos y sus formas de ordenamiento territorial. La instalación de pequeñas iglesias por todos los lugares habitados creó un centro que, a la larga, será el eje desde donde se construyen los poblados chilotes.
En esta costa se produce la huerta de tierra y mar. Para mariscar y sembrar papas usamos el gualato, esa asada precolombina que entonces era de madera y ahora de metal. Estos dos mundos laborales y productivos hacen que el chilote sea una suerte de anfibio permanente. Ahora la industria lo ha vuelto nuevamente al mar, a los cultivos, cuidando jaulas salmoneras como si fueran rebaños de hueques o de ovejas.
Aquí se vive el cotidiano insular. En estas pampas, playas y montes el chilote va siendo un HOMO FABER, un hacedor de siembras, de comidas y de artefactos.

Estos gestos de la cotidianidad, asentada en los suelos, es lo que hace encantador el paisaje. Le da vida. Cómo no entusiasmarse mariscando tacas en las playas pedregosas o fangosas de esta costa oriental.
Cuantas veces nos hemos quedado horas disfrutando de un caldillo de estas playas, cuando la mesa extiende su superficie a la conversa, a las historias y a los afectos que nacen de la cotidianidad.
¿Cómo no extraviarse con la humedad y la sensualidad de un bosque de donde sacamos boquis o quilinejas para los canastos o palos chuecos para hacer cuadernas para las lanchas?
Estas acciones del diario vivir van atrapando al visitante y termina quedándose en la Ciudad de los Césares que se levanta en cada aldea chilota.


LOS VIAJEROS
El conocimiento antiguo que hoy tenemos de Chiloé deriva de las CARTAS ANNUAS que los misioneros enviaban a su provincial, generalmente asentado en Tucumán. Son documentos de inicios del siglo XVII. Las otras fuentes son las descripciones de viajeros y cartógrafos -especialmente del siglo XVIII-. Estos últimos anexaban a la descripción geográfica aspectos relevantes del paisaje humano de estas islas. Viajeros como John Byron, abuelo del poeta inglés, de mediados del siglo XVIII, o descripciones etnográficas como las de los holandeses de la expedición de Henrik Brower de 1643, son relevantes para conocer la vida en la sociedad colonial.
El siglo XVIII es de conocimientos geográficos para los europeos. Incluso los religiosos asocian la aventura a sus acciones misionales. Es el caso de quienes buscan los derroteros para llegar a la CIUDAD DE LOS CÉSARES, sitio enclavado en algún lugar de la Cordillera Occidental. Nicolás Mascardi, un italiano de Palena, creador de la primera misión cordillerana en Nahuelhuapi alrededor de 1670, perderá la vida en esta búsqueda mítica.
Muchos de los misioneros franciscanos que llegan de Ocopa en 1771, en reemplazo de los jesuitas expulsados, van tras esta Ciudad fantástica. Pedro González de Agüero nos dejará un legado enorme a través de sus libros, especialmente en su Descripción Historial del Archipiélago de Chiloé.
Aquí no ocurrió como en Europa donde el género de viajeros derivó en ficciones como las de Jack London. Recién el siglo XX desarrolla este género en la literatura chilena, Francisco Coloane.

LOS PERSONAJES DEL MUNDO SEPARADO
Dice Ovidio que conoció Chiloé a través de Darwin. El naturalista recorrió la Isla Grande en 1835 y la describe desde una perspectiva etnográfica, equilibrando naturaleza y gentes.
Los personajes de Ovidio Lagos abren la comarca, los hace actuar en sus recuerdos, en sus relaciones sociales. Muchos han llegado de afuera y entonces se pregunta qué han encontrado en Chiloé para abandonar muchas veces preciadas cunas familiares. Buscan un lugar en el mundo, a veces como solitarias y distanciadas del mundo, otras integradas a estas comarcas isleñas.
Su narrativa es la del viajero, que se mueve de un punto a otro. Atraído por los afectos y yéndose permanentemente, como viajero, de los escenarios. Su visión etnográfica -geografía humana- hace que los episodios revistan permanentemente un carácter testimonial.
El misionero Nicolás Mascardi, jefe los jesuitas en Castro a mediados del siglo XVII, realiza un exorcismo para sacar el demonio de una joven ...que estaba dentro del pecho y le tenía atada la lengua . El jesuita dijo en latin:
POR MERITA FUNDATORIS NOSTRA SOCIETATIS. Entonces el demonio salió del cuerpo de la indígena, por el oído izquierdo, asumiendo la forma de un perro.

El mito y la creencia mágica impulsa a conocer más. Habla con la gente, los lleva a compartir estas intimidades. Va a Quicaví. Le cuentan de brujos, pincoyas y sirenas. Observa como la globalización y el mercado utiliza farandulescamente el tema o, lo disneyfica.


En fin, este es un libro( CHILOE, de OVIDIO LAGOS) que se pasea por Chiloé. Sube y baja lomas, entra en las casas chilotas, pero también ingresa a los interiores de sus personajes y su mirada a veces se separa para analizar contextos, incluso económicos:
---¿Por qué no llevar la papa chilota a un mercado mundial, reflexiona, como Chile lo ha hecho con la palta hass?

Ovidio Lagos es un escritor que transforma en testimonio todos los abordajes que hace a las temáticas regionales de nuestros países. Es su pasado de periodista que lo lleva a documentar lo que dice.

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